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sábado, 18 de abril de 2015

El ejército de Aníbal



Aníbal, el púnico, juró de niño guerra eterna a Roma. Se ve que la cosa venía de familia porque los Barca ya le tenían de antiguo saña a los romanos. El caso es que una vez invadida Iberia, los de Cartago rumiaron atacar Roma por sorpresa. Sin hacer mucho ruido, salvo un escándalo de narices en los alrededores de Sagunto, Aníbal reunió gente de entre los íberos y celtas para que viesen a unos elefantes que le acompañaban. Con la excusa de mostrarles a los indígenas la utilidad de los paquidermos como transporte, les invitó a hacer hiking por los Pirineos y después los Alpes. Una vez que se vieron en la Península Itálica, les dijo Aníbal de arrasar todo aquello, pues después de tan fría aventura había que entrar en calor y no era cuestión de haber hecho el viaje en balde. Diez años recorriendo ambas vertientes de los Apeninos matando, violando y robando, convirtieron en hispanos a aquellos íberos y celtas, y lo curioso es que al regreso a la piel de toro, muchos ya lo hicieron como romanos, sin haber pisado la capital. Cosas de la civilización.



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